Me bajo del taxi y entro al aeropuerto para pasar el control. Se supone que debemos quitarnos los zapatos y todo lo que lleve metal o algo así, para después ponerlo en una caja donde revisarán si hay algo extraño.
Comienzo a hacer eso hasta que percibo un olor bastante desagradable que proviene de los pies de la señora que tengo justo delante. Pongo cara de asco y miro hacia otro lado. Es entonces cuando escucho una risa a mi izquierda y me giro. Un chico de mi edad me está mirando y riéndose... Le pongo mala cara y sigo con lo que estaba haciendo.
—Eres muy expresiva ¿verdad?—dice de repente.
—Vaya, veo que eres observador.
—Las chicas tan guapas como tú no suelen pasar desapercibidas.
Woooow... Poco a poco voy sintiendo como me pongo roja y sonrío.
—Gracias, tu tampoco pasarías desapercibido...
Lo cierto es que es guapísimo. Tiene los ojos verdes, es castaño, alto y tiene una buena constitución. No está muy fuerte pero tampoco es un delgaducho.
Me sonríe y hace un gesto con la mano a modo de despedida. Ojalá me pasaran estas cosas más a menudo. Nunca viene mal que te digan algo bonito.
Después de pasar el control busco la terminal 4 ya que allí es donde tengo que coger el avión. En una de las pantallas pone que ya podemos pasar así que me dirijo a la puerta de embarque. Entro en el avión y me acomodo en el asiento, a continuación me pongo los cascos y no tardo en quedarme dormida.
Me despierto sobresaltada por una gran sacudida. Miro a mí alrededor algo desorientada y escucho como una voz dice que nos pongamos el cinturón porque faltan 10 minutos para el aterrizaje. Lo hago y apoyo la cabeza en la ventanilla, odio esta parte del vuelo...
Minutos después...
Bajo del avión y salgo a la calle, cojo un taxi y 40 minutos después llego a la universidad.
El campus es enorme, además mi habitación está en el edificio más alto así que estoy muy contenta. Entro y pido las llaves de mi habitación en recepción, es la número D28 ¡Mi número favorito es el 8! ¡Esto cada vez es mejor!
Encuentro mi habitación fácilmente. Mi compañera no está así que supongo que la conoceré más tarde. Coloco mi ropa y alguna cosa más en la mesilla que está al lado de la cama. Cuando ya estoy instalada llamo a mi madre y a Sammy, también mando un mensaje a todos mis amigos para que sepan que he llegado bien.
Voy al cuarto de baño ¡Menos mal que no son duchas comunes! Me doy una ducha rápida y me visto, cuando termino ya son las 9 de la noche así que voy al comedor del campus (que casualmente está a tan sólo un par de minutos de aquí). Cuando llego me pido un sándwich mixto con patatas fritas y una fanta de naranja. Termino de cenar y vuelvo a mi habitación.
Abro la puerta y me encuentro con una chica que esboza una sonrisa en cuanto me ve.
—¡Hola! Soy Sophie, tu compañera de habitación—se acerca a mí y me da un abrazo.
—Encantada de conocerte, mi nombre es Zoe.
—Encantada Zoe. ¿Cuándo has llegado?
—Hace unas 3 horas más o menos.
—¿De dónde eres?
—Pues soy de Madrid pero mis abuelos son ingleses aunque viven desde que eran jóvenes en España.
—¡Qué bien!
—Sí, la verdad es que sí. ¿Y tú de dónde eres?
—Yo soy de Mánchester.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Pues llegué el jueves para instalarme, aunque las clases no empiezan hasta este lunes.
—Sí, lo sé. Yo también he venido hoy para instalarme y ya el lunes empezar las clases.
—Genial. ¿Y tu facultad está cerca de aquí?
—Sí, menos mal que he tenido suerte con eso. ¿Y tú? ¿Qué vas a estudiar?
—Medicina ¿y tú?
—Vaya, yo también ¡ojalá coincidamos en alguna clase!
—Sii, ¿ya tienes el horario?
—Sí, me lo enviaron hace unos días.
—Ahora tengo que irme pero luego podríamos ver si vamos a alguna clase juntas ¿te parece?
—Vale genial. Nos vemos luego entonces.
—Adiós.
Sale de la habitación y me siento en mi cama. ¡Sophie me cae súper bien! Me alegro tanto de que sea mi compañera... Lo único que me ha parecido raro es que saliera a estas horas... Quizás ya conoce a alguien.
Voy al baño a lavarme los dientes y a hacer mis necesidades. Cuando termino me tumbo en la cama y cojo el móvil. Me meto en Google Maps y busco donde hay concesionarios de coches de segunda mano. Necesito tener un coche para moverme por la ciudad pero tampoco puedo permitirme pagar uno nuevo. Guardo en un bloc de notas la dirección de los dos lugares que me han inspirado mayor confianza y dejo el móvil. Supongo que ya es hora de dormir.
Pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi...
Me despierto algo desorientada pero enseguida reconozco donde estoy. He pasado la primera noche en mi nueva habitación y puedo decir que la cama es más cómoda de lo que imaginaba.
Salgo de la cama y voy al baño a lavarme la cara para espabilarme un poco. Me lavo los dientes y vuelvo a la habitación para coger la ropa que me voy a poner y el móvil. Me decido por unos vaqueros ajustados y una sudadera ya que hoy va a hacer bastante frío. Miro el móvil y veo que mi madre me ha llamado dos veces así que la mando un mensaje diciendo que acabo de despertarme y que dentro de un rato la llamaré.
Cuando termino de arreglarme salgo de la habitación y cierro con llave. Decido ir a desayunar a la cafetería del campus y en el camino llamo a mi madre.
—Hola mamá.
—Hola hija ¿cómo estás?
—Bien mamá, muy contenta.
—Me alegro mucho cariño. ¿Ya has conocido a tu compañera de habitación?
—Sí, es súper maja. La verdad es que he tenido suerte, o al menos eso creo.
—¡Qué bien! ¿Cómo se llama?
—Se llama Sophie y es de aquí pero su familia vive en España.
—¿Y habla español?
—Pues no lo sé. No se lo he preguntado.
—¿Estás con ella ahora?
—Claro que no. Si lo estuviera no estaría hablando contigo sobre ella.
—Tienes razón.
—Voy a desayunar. Más tarde hablamos ¿vale?
—Vale hija. Te quiero
—Yo también te quiero.
Después de desayunar voy a la parada de autobús que hay al lado de la biblioteca para ir a un concesionario llamado "Beggel". Una vez allí pasan al menos 20 minutos hasta que llega el autobús. Cinco paradas más tarde llego a mi destino. Entro y me acerco a una especie de recepción.
—Hola ¿en qué puedo ayudarte?—pregunta un señor de unos 50 años.
—Hola. Acabo de mudarme a Londres y estoy buscando un coche de segunda mano.
—¿Tienes cita?
—Umm... No, no sabía que había que pedir cita previa.
—Ahora mismo todos nuestros empleados se encuentran ocupados, pero veré que puedo hacer. Espera aquí unos minutos.
Poco después entra el señor acompañado de un chico no mucho más mayor que yo. Me enseña varios coches y al final decido quedarme con un Ford Fiesta rojo de 6 años que está dentro de mi presupuesto. Después de pagar y firmar todo lo necesario me entregan las llaves y me acompañan hasta mi nuevo coche.
—¿Sabes si cerca de aquí hay un descampado o una zona poco poblada para que pueda practicar un poco antes de salir a la carretera?—pregunto antes de irme.
—Aquí cerca es difícil que encuentres zonas poco pobladas pero tenemos un parking trasero donde puedes practicar un poco si quieres.
—Vaya, eso sería genial. Muchísimas gracias.
Me indica donde está y conduzco hasta allí. La verdad es que se lleva igual que un coche español. Aquí en Inglaterra conducen por el lado izquierdo, pero a excepción de eso es igual que en España. Antes de mudarme aquí investigué si tenía que convalidar mi carnet de conducir, pero al parecer no es obligatorio ya que Inglaterra forma parte de la Unión Europea.
Cuando parece que me manejo bien, salgo a la carretera y en 10 minutos ya estoy entrando en el campus. Me paro en un semáforo y de repente el motor del coche se apaga. Intento arrancar, pero una luz roja comienza a parpadear. Se supone que es el indicador de la gasolina, pero la flecha indica que el depósito está lleno.
El semáforo se pone en verde y al ver que no avanzo los coches que se encuentran detrás de mí empiezan a pitar. Sigo intentando arrancar el coche, pero no sirve de nada y es entonces cuando entro en pánico. Mierda y más mierda ¿y ahora qué hago?
Estoy tan concentrada intentando no entrar en una crisis nerviosa que no soy consciente de que han abierto la puerta.
—Eh, ¿estás bien?—dice una voz masculina y reacciono.
—Yo... Mierda, acabo de comprar el coche y se supone que el depósito está lleno pero el indicador de la gasolina está parpadeando y no arranca y joder, me he quedado aquí en medio y seguro que estoy formando un atasco impresionante y yo... Joder, no sé qué hacer.
—Eh, eh, tranquila. No pasa nada, vamos a sacar el coche de aquí y ya pensaremos en algo ¿vale?—asiento y levanto la cabeza para mirarle.
Si antes estaba nerviosa ahora creo que estoy a punto de morirme. No podía ser feo, no, claro que no. Tenía que ser un puto dios griego el que viniera a rescatarme. Que a ver, tampoco soy una princesa en apuros que necesita ser rescatada pero... Mierda, ¿por qué estoy pensando esto justo ahora?
—Quita el freno de mano y encárgate de dirigir el volante, voy a ver si puedo empujar el coche hacia allá para sacarlo de aquí en medio.
—Vale...
Hago lo que me dice y cinco minutos después nos encontramos a un lado de la carretera donde no se puede estacionar pero al menos no obstaculizo la circulación de los demás coches.
—Voy a poner mi coche detrás del tuyo, espera aquí.
—No es como si pudiera irme...—susurro y él sonríe.
Creo que me he enamorado.
0 Comentarios